viernes, 6 de agosto de 2010

Sobre los taxistas

Ayer me subí a un taxi y la mala onda con la que termine contagiado por la homeostasis emocional es increíble.

Me hizo acordar a algo que leí hace un tiempo que para mi tiene mucha razón:

"Por el bien de la ciudad y del país, los taxistas porteños deberían ser re educados. Su siempre nefasta visión del mundo, su escepticismo, su cinismo, su desencanto, son reproductores constantes del desamor por el mundo. El efecto contagioso que ejercen sobre los dudosos o desprevenidos puede ser fatal. Son máquinas de desperdigar por la ciudad una mirada de fatalidad y pobreza, sospechan de todo, se creen sabios por haber yirado tristemente por la ciudad acechando al cliente, y son simplemente seres que creen en el fracaso como modo de vida.

Sí, claro, no todos. Hay taxistas copados. Pero pocos. La enorme mayoría hace gala de una visión reprochista del mundo, como si no gustar de nada fuera la expresión de una sensibilidad superior. Si no inventaron el tango le pegan en el poste. Reproductores de una versión miserable de todas las cosas, deprimidos que no saben que están deprimidos, cínicos observadores llenos de mala onda y resentidos frente a todo disfrute.

Cuando te toca un taxista distinto sos feliz, y ahí te das cuenta hasta qué punto su militancia dañina en la desolación tiene peso en el espíritu de nuestra ciudad.

Hay que re educarlos, curarlos, bañarlos, enseñarles a querer algo, a pensar cosas lindas, a superar el tedio de las mil horas a la deriva."

Una vez escuche a un taxista decir una frase muy pero muy inteligente: "El taxi es un baño"

No hay comentarios:

Publicar un comentario