jueves, 31 de marzo de 2011

La dama y el moreno

La dama y el moreno

La habitación ya esta llena y el hombre aguarda junto a su asesor más cercano, la llegada de la dama.

Mientras se pone cómodo en la silla, que tantos años acostumbro a ocupar, en silencio, mira la de su izquierda y envalentonado por otros como él, que en tierras hermanas lo lograron, sueña con ocuparla.

La dama llega de golpe, intempestiva, rodeada de una muchedumbre de hombres de confianza y custodia, vestida de sobrio y elegante luto negro.

Sus ojos se detienen en aquel moreno canoso, que mantiene su mirada en ella. Le devuelve una mirada fría, intentando disimular el asco que le produce su pinta de trabajador popular, que esconde detrás su inmensa y misteriosa riqueza. - “Solo necesito de él unos meses mas hasta ganar las elecciones, luego podré encargarme de su incipiente amenaza” piensa la dama, mientras apoya la cartera en el mismo asiento donde el dejo su ya clásica campera de cuero gastado.

Mira detenidamente a su alrededor: - “Los cuervos que lo acompañan no van a dudar en seguirme cuando se den cuenta de que yo soy la verdadera conductora de los trabajadores” concluye.

Él, mientras tanto, sigue con su mirada fija en el rostro de la dama, empapado de costoso maquillaje que busca disimular el dolor y la presión de los últimos meses de su vida. Su cartera Louis Vouitton, sus vestidos hechos a medida, su Rolex presidente y sus aros Tifanny borran todo rastro de aquella mujer de clase media baja criada por un colectivero y un ama de casa. La dama parece una Ortiz de Ocampo, una Pereyra Iraola, una Anchorena. - “Solo necesito de ella un poco mas, hasta que su silla sea solo un anexo de la mía”. Toma un intenso sorbo de mate que le alcanza un compañero, y sigue: “Los cuervos que la acompañan son los mismos que conocí en el pasado. No van a dudar en seguirme a mi o al mismísimo diablo, mientras ocupe el sillón que hoy es de la señora”.

La dama y el moreno conversan sonrientes, analizándose, midiéndose el uno al otro.

Ambos posan para la foto, que pronto recorrerá todo el largo y el ancho del país, y declaran ser parte del mismo proyecto, de la misma convicción, de los mismos intereses. Nada da muestras al exterior de los pensamientos internos de cada uno.

El sabe que no puede vivir sin ella, y ella sabe que no puede vivir sin él. Pero los dos sueñan con el mismo destino, el mismo balcón y la misma plaza colmada de gente.

En un extremo de la habitación, un joven del que nadie se percata, observa la escena, a la dama y al moreno. - “Que distintos que son” piensa el joven. "Aunque pareciera que cuando se miran, están frente a un espejo".

1 comentario:

  1. Excepcional, genial, con un humor sutil, me encanto, de los articulos que mas me gustaron en este 2011.
    Un abrazo

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